• Mostrar tags

    marzo 13th, 2021

    QUARTIERS MODERNES

    Cité Frugès. Pessac. Francia. 1924-1926 Le Corbusier + Pierre Jeanneret

    1. INTRODUCCIÓN

    El caso de estudio sobre el que se focaliza esta investigación es el barrio de Les Quartiers Modernes Frugès, diseñado entre 1924 y 1926 en la localidad francesa de Pessac por Charles-Édouard Jeanneret-Gris. A través de este proyecto, Le Corbusier materializó sus ideales de una arquitectura moderna, estandarizada y asequible, aunque no por ello uniforme y carente de carácter.

    Durante cuarenta años el barrio fue sujeto de numerosas y constantes intervenciones por parte de los habitantes, llegando a ser prácticamente irreconocible a comienzo de los años 70, momento en el que Philippe Boudon llevó a cabo una exploración sobre la naturaleza de dichos cambios, que publicaría en 1972 bajo el título Lived-In Architecture: Le Corbusier’s Pessac Revisited.

    Sin embargo, tan sólo un año después, uno de los propietarios decidió devolver su vivienda al estado original diseñado por el ya entonces célebre arquitecto. Este hecho marca un hito esencial, ya que supuso el detonante de una serie de iniciativas implementadas con el objetivo de restaurar el auténtico aspecto del barrio.

    Tras su declaración como monumento histórico en 1980 y su más reciente incorporación a la obra de Le Corbusier reconocida por la Unesco, Les Quartiers Modernes Frugès goza hoy en día de un singular estado de protección en el que los habitantes ven recompensados sus esfuerzos por reconstruir el afamado barrio que habitan.

    En este contexto, el estudio expuesto a continuación se centra en la evolución del barrio desde su construcción hasta el momento actual, distinguiendo y grafiando las distintas etapas que se han sucedido a lo largo del tiempo, analizando el carácter y las razones de los cambios efectuados en cada una de ellas y reflexionando de forma crítica sobre aspectos cruciales y conflictivos de la actualidad, con lo que se pretende exceder el caso particular y participar de los debates contemporáneos en torno a la arquitectura.

    A día de hoy, la elección de Les Quartiers Modernes Frugès como caso de estudio encuentra su motivación en tres razones fundamentales:

    • En primer lugar, constituye uno de los escasos barrios modernos en Europa que haya sufrido alteraciones significativas en su configuración y apariencia a lo largo del tiempo. Tal respuesta de los usuarios, anómala frente a la pasividad que se observa en lugares como Siedlung Kiefhoek en Rotterdam, incita a estudiar este particular caso en mayor profundidad.
    • En segundo lugar, fue primeramente estudiado a comienzos de la década de 1970 por el arquitecto Philippe Boudon, cuatro décadas después de que se completara la construcción de las viviendas. Desde el momento en que publicara el libro compilatorio de su trabajo hasta hoy han transcurrido otros cuarenta años, por lo que abordar de nuevo este tema en el momento actual resulta interesante y oportuno para analizar el estado del barrio tras un lapso de tiempo análogo.
    • En tercer lugar, desde 1973 ha sido objeto de la restauración con el objetivo de devolver su apariencia al diseño original de Le Corbusier. La actitud favorable a la preservación y museificación de la arquitectura moderna del siglo XX no afecta exclusivamente al barrio de Pessac, sino que ha estado presente de manera dominante en el pensamiento europeo de las últimas décadas. Es por ello que su estudio desde la perspectiva actual es pertinente.

    En relación a los motivos que animan la presente investigación, se establecen tres objetivos principales:

    • Recopilar y sintetizar las fuentes de información cruciales para el conocimiento profundo y la comprensión de Les Quartiers Modernes Frugès en su transcurso a lo largo del tiempo.
    • Distinguir, analizar y grafiar los tres momentos fundamentales en el desarrollo del barrio: estado original, estado intermedio y estado actual; así como exponer las razones que impulsaron las modificaciones acontecidas en los dos intervalos de cuarenta años que distan entre dichos estados.
    • Reflexionar de forma crítica sobre la etapa actual en relación con aspectos tan controvertidos como la identidad, la protección del patrimonio o el límite de la libertad de actuación del individuo; cuestiones que exceden el caso particular de Pessac y atienden a la agenda contemporánea y colectiva que nos ocupa.
    La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es Cite-fruges-07-1024x683.jpg

    2. ESTADO DE LA CUESTIÓN

    EL PROYECTO ORIGINAL_ 1924-1930

    Henry Frugès, un industrial azucarero amante del arte y convencido del poder transformador de la arquitectura en la mejora de la calidad de vida de sus habitantes, encargó a Le Corbusier en 1923 el diseño de un pequeño conjunto de viviendas en la comuna francesa Lège-Cap-Ferret  para acoger a los trabajadores temporeros empleados en un aserradero de su propiedad en la localidad.

    Convencido de unas previsiones sumamente optimistas en cuanto al éxito de su iniciativa, e impulsado por el deseo de mejorar la calidad de vida de sus trabajadores ofreciéndoles modernas casas equipadas con numerosas comodidades, Frugès inmediatamente encargó a Le Corbusier un nuevo complejo residencial, en esta ocasión de mayores dimensiones y ubicado en Pessac. Originalmente el plan fue concebido para acoger 135 viviendas, aunque finalmente se construyeron únicamente 51.

    Bordeado por la vegetación, situado en las proximidades de las industrias y las vías férreas, Les Quartiers Modernes Frugès se ideó como un laboratorio para la reforma de la vivienda económica. En él se pretendía poner a prueba, a pequeña escala, el modelo de ciudad jardín horizontal, dotando a cada casa de una terraza y un espacio libre en planta baja. Las casas se distribuyeron de manera ordenada sobre el plano, como objetos abstractos aislados entre la vegetación. Su estética purista acompaña y refleja el funcionalismo que caracteriza a estas perfectas máquinas de habitar.

    Durante la primera mitad de los años 20, Le Corbusier comenzó a formular lo que en 1926 anunciaría como los cinco puntos de la arquitectura moderna. En este sentido, el barrio constituye un campo de experimentación para la casa moderna estandarizada en la búsqueda del bajo coste y la rapidez de su construcción. Las nuevas técnicas de construcción como el gunitado del hormigón, y en especial la repetición de elementos modulares estandarizados como las ventanas, constituían la base ideológica en base a la cual Le Corbusier tomó cada una de las decisiones sobre el proyecto. Él mismo declaró su intención de componer

    Apoyándose en los fundamentos de la Maison Citrohan, Le Corbusier desarrolló siete modelos habitacionales diferentes a partir de una célula básica de aproximadamente 5×5 metros y sus posibles combinaciones: Quinconce (Damero), Arcade (Arcada), Gratte-Ciel (Rascacielos), Isolee (Aislada), Jumelle (Gemela), Zig-Zag y Chimère (Quimera). De esta última tan sólo se construyó un ejemplar y fue destruido a causa del bombardeo efectuado sobre las vías de ferrocarril durante la Segunda Guerra Mundial.

    Todas las variantes comparten el mismo sistema constructivo a base de pilares de hormigón armado, permitiendo la apertura de amplias ventanas horizontales y la disposición del aislamiento en los muros de tabiquería no portantes entre apoyos. Las terrazas, cubiertas planas, jardines y garajes, así como la modulación de ventanas y puertas, la volumetría nítida y rotunda, y la peculiar pigmentación de sus fachadas en combinación de tonos granate, verde agua, azul cielo y blanco, conforman las constantes del barrio y definen su carácter.

    Variaciones a partir de la célula básica

    La construcción comenzó en 1924, y tan sólo dos años después, mientras esta aún continuaba, el barrio se inauguró en junio con la visita del Ministro De Monzie a una de las escasas viviendas ya finalizadas entonces.

    A pesar de la confianza en el desarrollo tecnológico que demostraron sus promotores para la solución de los problemas de la vivienda social tras la Primera Guerra Mundial, lo cierto es que estas modernas máquinas de habitar encontraron una escasa acogida entre los trabajadores de Frugès. El aspecto exterior de las casas resultaba extraño para los habitantes de la región, poco acostumbrados a las cubiertas planas, las extensas terrazas y la dureza de las superficies planas; rasgos que asociaron más a la arquitectura árabe u oriental, como demuestra el sobrenombre “barrio marroquí” con el que despectivamente se referían a él. Si a ello se añaden las constantes y prolongadas dificultades con los permisos de obra y las autorizaciones del suministro de agua, pavimentación y alumbrado público[1], no es de extrañar que muy pocos se aventuraran a habitar estas viviendas a comienzos de los años treinta.

    En vista del rechazo generalizado, los interiores de las casas aún en construcción no fueron completados en su totalidad; en parte para evitar su deterioro mientras permanecieran deshabitadas, y en parte para beneficiarse de la ley del 3 de agosto de 1926, que estipulaba que las casas puestas en venta en un estado de finalización parcial, estarían exentas del cobro del 7% que suponía el impuesto de traspaso[2].

    El hecho de que la estructura portante y los núcleos de instalaciones quedaran reducidos a los pilares perimetrales y los núcleos húmedos de cocina y baños, junto con la mencionada disposición legal, provocó la abundancia de grandes estancias interiores vacías, dispuestas para ser compartimentadas por el futuro habitante según sus necesidades.

    A fin de estimular aún más el interés del público, el Ministro Loucher estableció una ley según la cual los futuros habitantes no estarían obligados a aportar ninguna contribución financiera si cumplían todas las condiciones dispuestas por dicha ley, que favorecía el acceso a la vivienda a las personas desfavorecidas y con pocos recursos. En consecuencia, el barrio fue habitado por familias humildes que no dudaron en alterar el diseño original  para adaptar las casas a sus necesidades y costumbres, y que, por otro lado, descuidaron de forma generalizada el mantenimiento de los edificios.


    [1] Benton, Tim. «Pessac and Lège revisited: standards, dimensions and failures.» Massilia: anuario de estudios lecorbusierianos 2004 (2004). 85.

    [2] Boudon, Philippe. Lived-In Architecture: Le Corbusier’s Pessac Revisited. (1972). 125.

    EL ESTUDIO DE BOUDON_ 1972

    Tan solo cuatro décadas después de que finalizara su construcción, el barrio lucía irreconocible. La mayoría de las casas habían perdido sus colores originales, sus ventanas se habían reducido en número y tamaño, los patios habían sido cerrados parcialmente, muchas de las terrazas habían sido techadas, los espacios vacíos entre pilares habían sido ocupados y en los patios traseros los cobertizos se reproducían sin límite ni orden. El conjunto proyectaba en los años 70 una imagen de deterioro considerable que contribuía en gran medida a la extendida consideración de Les Quartiers Modernes Frugès como ‘el fracaso de Pessac’.

    Este polémico escenario atrajo la atención del arquitecto parisino Philippe Boudon, tanto como para analizar su estado y tratar de descifrar las causas y síntomas de tal proceso de transformación no controlada. Con la intención de evitar el sesgo inherente a la mirada del arquitecto y alcanzar así una posición neutral, objetiva, directa y global, Boudon recurrió a la entrevista como principal  fuente de información. En sus numerosas conversaciones planteaba preguntas abiertas y poco controladas, permitiendo que los interlocutores se explayaran a conveniencia y dirigieran el tema hacia sus propios intereses. En estas conversaciones no solo participaron los habitantes del barrio, sino también otros vecinos cercanos de la zona y diferentes profesionales de la arquitectura y otras disciplinas.

    En 1972 publicó la síntesis de sus indagaciones en el libro Lived-in Architecture, Le Corbusier’s Pessac Revisited. La obra comienza con un detallado trabajo de documentación sobre el proceso del encargo, diseño y ejecución del proyecto. Seguidamente se desarrolla el cuerpo central, estructurado en la alternancia de fragmentos de entrevista y comentarios del escritor. Como si se tratara de un diálogo que aúna bajo un mismo soporte materia a dos voces ubicadas en espacios temporales distintos. Después, una breve conclusión defiende el barrio de Pessac no como fracaso, sino como triunfo en su capacidad de adaptación. Por último aparecen las fotografías tomadas por Boudon, imágenes que perduran a lo largo del tiempo y que atestiguan el estado desmejorado del barrio en aquella época.

    A través de este escrito, Boudon dio voz a los moradores de las casas-máquina, revelando la diversidad de actitudes que mostraban hacia el diseño original y las numerosas razones que les habían impulsado a transformarlo.

    LAS APORTACIONES RECIENTES_ 1973-2021

    Tras la edición de Lived-in Architecture, el caso de Pessac se convirtió en foco de interés para numerosos académicos, arquitectos, diplomáticos y otros admiradores de Le Corbusier. El proceso de restitución que dio comienzo en 1973 y que a día de hoy continúa, ha dado lugar a múltiples estudios, en su mayoría específicos y minuciosos, publicados en forma de artículo de investigación. Los más relevantes se presentan a continuación de forma concisa.

    En 1973, Conrad Jameson escribió una reseña implacable al recientemente publicado libro de Boudon, acusando la falta de objetivos, criterio, claridad metodológica y evaluación crítica por parte del autor. Él mismo aportaría esta última, apoyándose en los datos recopilados en el libro, concluyendo que el mayor logro del barrio se halla en la sensación de individualidad que genera la disposición de las viviendas, mientras que el mayor problema no es su rigidez, sino la monofuncionalidad: el uso exclusivo residencial y la falta de espacios públicos y actividades comunes para los habitantes[1].

    Una segunda reseña fue escrita por Ada Louise Huxtable en 1981, tras su visita a Les Quartiers Modernes Frugès. A raíz de su propia experiencia, manifestó su disconformidad con la creencia generalizada de que el grado de las modificaciones había sido tal que se había disipado todo rastro del diseño de Le Corbusier, y de que los habitantes, incapaces de vivir en máquinas modernas, las habían reformado para hacerlas habitables. Más bien defiende todo lo contrario: el barrio mantenía en gran medida la cohesión inicial al mismo tiempo que permitía a los residentes acomodar las casas a sus necesidades particulares[2].

    Desde entonces transcurrieron veintitrés años hasta que Tim Benton revisitara conjunta y pormenorizadamente los casos de Lège y Pessac. A través de una exhaustiva indagación, Benton expuso las sucesivas fases del proceso de diseño, las constantes modificaciones realizadas tanto por Frugès como por Le Corbusier -sobre el papel, y directamente sobre la obra, una vez comenzada-, los problemas ocasionados por la inexperiencia en el manejo de las técnicas constructivas innovadoras requeridas por el arquitecto, y las considerables dificultades a la hora de fabricar y adaptar los elementos estandarizados -aunque específicamente modulados y dimensionados para la ocasión- al diseño y la construcción real. [3]

     En 2006, Chia-Chang Hsu y Chih-Ming Shih, apoyándose en la intención de Le Corbusier de unificar  estandarización y variabilidad utilizando los elementos estándar como” letras de un alfabeto con los que escribir los nombres de los futuros habitantes”[4], analizaron la modulación de las viviendas para averiguar el método empleado para asegurar la diversidad. En definitiva, el procedimiento consistía en partir de una célula básica sobre la que se aplicaban específicas reglas combinatorias de asociación basadas en la progresión geométrica 1:2:4.[5]

    En 2014, Anita Aigner publicó un artículo incendiario en el que recapitulaba la historia contemporánea del barrio de Pessac desde que fuera analizado por Boudon. En él sostenía que la principal causa de las modificaciones previas a 1973 residía en las diferencias culturales existentes entre el arquitecto y los residentes. Estos últimos, al no aceptar las disposiciones del primero, se habían negado a ser “educados” en el estilo de vida moderno. Sin embargo, apunta, con el proceso de restauración del estado original iniciado en los años ochenta, los vecinos asumen cada vez más la imposición de un diseño obsoleto y autoritario. Aigner no solo informa detalladamente de este reciente e inconcluso episodio, sino que revela además los conflictos e intereses que se esconden bajo una imagen de consenso aparente.[6]

    Tan solo un año después, Socrates Yiannoudes analizó los procesos de evolución acontecidos en Pessac desde la perspectiva de la Teoría del Actor-Red enunciada por Bruno Latour. En consecuencia, tanto los habitantes como los propios edificios son considerados como mediadores, actantes, sujetos activos involucrados en la compleja red de interconexiones que se desenvuelve en el tiempo y determina la forma del barrio en cada momento.[7]

    A lo largo de las últimas cuatro décadas, Les Quartiers Modernes Frugès ha sido además objeto de interés para monográficos como Le Corbusier. Les Quartiers Modernes Frugès / The Quartiers Modernes Frugès (1998), para numerosos trabajos académicos, publicaciones en blogs y múltiples documentales, como Leben im Labor, realizado por  Julia Zöllner y Claudia Trinker en 2004.

    Junto a ellos, el presente estudio aspira a convertirse en una nueva fuente de información relevante para el estudio de la continua evolución del barrio de Pessac.


    [1] Jameson, Conrad. «Le Corbusier’s Pessac: a sociological evaluation.» Ekistics (1973): 349-353.

    [2] Huxtable, Ada Louise. «Le Corbusier’s Housing Project-Flexible Enough to Endure.» The New York Times 15 (1981).

    [3] Benton, Tim. «Pessac and Lège revisited: standards, dimensions and failures.» Massilia: anuario de estudios lecorbusierianos 2004 (2004): 64-99.

    [4] Corbusier, Le. Almanach d’architecture moderne. G. Crès et cie, (1925). 114

    [5] Hsu, Chia-Chang, and Chih-Ming Shih. «A Typological Housing Design: The Case Study of Quartier Fruges in Pessac by Le Corbusier.» Journal of Asian architecture and building engineering 5.1 (2006): 75-82.

    [6] Aigner, Anita. «Transformation unwanted!.» Consuming Architecture: On the occupation, appropriation and interpretation of buildings (2014): 70.

    [7] Yiannoudes, Socrates. «Actor-networks in Le Corbusier’s housing project at Pessac.» Fusion Journal 6 (2015): 1-14.

    fotografías del estado actual
    agosto 1988

    En este breve vídeo se pueden apreciar algunos de los cambios que los ocupantes realizaron sobre sus viviendas.

    abril 2016

    3. FASES DE LA EVOLUCIÓN

    A continuación se presenta el análisis del barrio atendiendo a las dos destacadas fases de evolución que ha experimentado hasta el momento, y que diferencian claramente tres estados en su historia: el estado ideal (1926), el estado customizado (1972) y el estado en restitución (2021), que permanece en proceso.

    Las ilustraciones elaborados corresponden a cada uno de estos estados, y sirven para apreciar y cuantificar los cambios efectuados en cada fase evolutiva. Con el fin de agilizar la comparación entre ellos, se muestran a continuación, en conjunto. Para un examen más detenido se incluyen individualmente al final del documento.

    Atendiendo a las representaciones gráficas, se aprecian dos fases notoriamente distintas entre el primer y segundo estado, por una parte, y entre el segundo y tercer estado, por otra. Debido al carácter de las transformaciones observadas, la primera corresponde a un proceso de evolución, mientras que la segunda denota una clara involución de los cambios efectuados.

    FASE 1_ EVOLUCIÓN

    En este primer periodo los habitantes llevaron a cabo multitud de intervenciones sobre sus viviendas, alejándose del diseño ideal moderno de Le Corbusier, humanizando cada machine à habiter hasta hacerla propia, adaptando el edificio genérico a sus necesidades individuales, evolucionando a un nuevo estado de customización.

    Esta apropiación de la arquitectura por parte de los usuarios, esta “vernacularización”, es un signo visible de la incompatibilidad entre la casa como objeto estético y los hábitos de los usuarios[1], y una respuesta contundente ante el propósito educativo de los arquitectos modernos paternalistas.

    • Clasificación de las intervenciones

    De todas las clasificaciones posibles bajo las que se podrían ordenar las transformaciones deliberadas que registró Boudon en su libro, en esta ocasión se atenderá a los elementos modificados y su disposición en la vivienda. De este modo se distinguen:

    1. Intervenciones sobre el interior.

    En ellas se incluyen todas las modificaciones que alteran el espacio habitable y su distribución: compartimentación y ampliación de estancias, redefinición de límites y adición de extensiones cubiertas. Cobra especial relevancia en este caso, por su reiterada aparición, la delimitación, dentro de la casa, de un espacio alargado a modo de pasillo recibidor.

    2. Intervenciones sobre el exterior.

    Estas comprenden las transformaciones que afectan en mayor medida a la apariencia exterior de las casas: el cerramiento de terrazas, el habitual techado de las cubiertas planas, el generalizado cambio de color de las fachadas y su decoración con detalles ornamentales.

    3. Intervenciones sobre elementos puntuales.

    Esta categoría atiende de forma especial a las modificaciones más acusadas en el barrio: la reducción, en dimensiones y número, de las ventanas; así como el añadido de persianas y otros elementos auxiliares para el control de la iluminación solar.

    • Razón de las intervenciones

    Los motivos que impulsaron a los habitantes a reconfigurar sus casas no son escasos, ni tampoco compartidos muchos de ellos. Al menos esto es lo que se desprende de las entrevistas. No obstante, pueden apreciarse cinco aspectos a los que remiten:

    1. Razones de uso.

    Entre las que se encuentran: la dificultad para limpiar las ventanas, alargadas y sin alféizares sobre los que apoyarse; la necesidad de más habitaciones o una cocina más amplia, frente a las dimensiones mínimas establecidas en el proyecto; la estrechez de las escaleras, que impedía transportar los muebles de un nivel a otro desde el interior; la disposición de las terrazas, comunicadas con los dormitorios en lugar de la sala de estar o el comedor, reduciendo su utilidad y  las posibilidades de uso; la falta de un espacio de transición entre la calle y las salas interiores -la principal causas de la configuración de los recibidores-; o la indefinición del uso de las estancias -en especial los pequeños recintos curvados-, que no en pocas ocasiones terminaban funcionando como almacén.

    2. Razones de deterioro.

    Estas incluyen la deformación de las carpinterías metálicas de las ventanas, así como la fractura de sus cristales durante los bombardeos y la posterior imposibilidad de encontrar recambios,  ya que sus dimensiones no se correspondían con los estándares empleados en la industria de la construcción, sino que fueron fabricaron por encargo expreso de Le Corbusier. También se incluyen bajo esta categoría los desperfectos generados por la acción del agua y a consecuencia de la inexperiencia en las, por entonces nuevas, técnicas de construcción: las goteras, grietas bajo las cubiertas planas, humedades, filtraciones de agua y bloqueos del drenaje en cubiertas y terrazas, figuran entre las declaraciones de varios vecinos.

    3. Razones de estética.

    Principalmente estas atienden a los gustos particulares de los residentes, que, por lo general, no coincidían con el ideal purista de la arquitectura moderna. Para muchos de ellos las ventanas, el color de las fachadas, la dureza de los volúmenes y, sobre todo, la estética “marroquí” repleta de terrazas, resultaban “feos”, no se ajustaban a sus afinidades estéticas, influenciadas por el contexto temporal y territorial.

    4. Razones de costumbre.

    En estrecha relación a la anterior categoría, esta remite específicamente a aquellas ocasiones en que los residentes comparaban sus casas con las “típicas” casas de Burdeos -aquellas que Boudon denomina como “lean-to houses”- denotando la ausencia del pasillo central distribuidor, el exceso de superficie acristalada, la ausencia de un “tejado” propiamente dicho, el carácter ajeno al lugar o la frialdad de las fachadas -acostumbrados a la decoración y los revestimientos-.

    5. Razones de confort.

    Por último, varios residentes hicieron referencia a las cuestiones ambientales, haciendo notar que las casas no estaban pensadas para el clima de Pessac: las enormes ventanas, con un escaso grado de aislamiento, calentaban en exceso las estancias en verano, y en invierno la temperatura interior fácilmente se igualaba con la exterior; las fachadas, completamente planas, no soportaban bien las frecuentes lluvias, al igual que algunas de las cubiertas.

    • Experimento fallido

    En la época en que Boudon publicara su libro, los críticos e intelectuales consideraban a Les Quartiers Modernes Frugès como el gran fracaso de la arquitectura moderna, prueba de una doctrina errónea e incluso nociva que había tratado de implantarse de manera autoritaria durante el periodo entre guerras. Jameson expresó al respecto, que Le Corbusier había estado tan ocupado en enseñar a las personas cómo debían vivir, que no había tenido tiempo de averiguar cómo vivían en realidad.[2]

    El mismo Le Corbusier, al ser preguntado sobre Pessac, reconocería en una ocasión: “Vous savez, c’est la vie qui a raison, l’architecte qui a tort”; es decir, siempre es la vida la que tiene razón, el arquitecto es quien se equivoca.

    Sin embargo, a través de su experiencia con los habitantes, Boudon llegó a una conclusión muy distinta: Pessac, lejos de ser un “fracaso”, había sido un verdadero laboratorio arquitectónico, no tanto de la construcción de la vivienda moderna como pretendía, sino de su adaptación y apropiación por parte del usuario. Según afirmó, solo podría considerarse un fracaso si no hubiera sido capaz de satisfacer las necesidades de sus habitantes,[3] y lo fue.


    [1] Aigner. “Transformation unwanted!”.  5.

    [2] Jameson. “Le Corbusier’s Pessac”. 349.

    [3] Boudon. Lived-In Architecture. 161.

    FASE 2_ INVOLUCIÓN

    La restauración llevada a cabo por iniciativa propia del señor Héraud, el ingeniero titular de la casa nº 3 de la Rue des Arcades en 1973, conllevó la inclusión del barrio –junto con el campo de visión que comprende el área circundante de 500 m2– en la lista de monumentos nacionales en 1980, pasando a estar desde ese momento sujeto a regulaciones de preservación.

     Tan solo dos años más tarde sería declarado como zona protegida para el patrimonio nacional arquitectónico, urbano y paisajístico (ZPPAUP), comenzando entonces un irreversible proceso de restitución del estado original que tenía como objetivo la admisión en el listado de bienes clasificados como Patrimonio de la Humanidad.

    Tras los intentos fallidos de 2009 y 2011, finalmente la UNESCO accedió a registrar el barrio de Pessac, junto con otras dieciséis obras de Le Corbusier, en dicha lista, y desde entonces los vecinos perciben una cierta ayuda financiera para la restauración y el mantenimiento de sus casas, aunque también deben someterse a estrictas disposiciones normativas que coartan su libertad de acción.

    • Clasificación de las intervenciones

    Tal y como establece el plan elaborado en 1984 para la restauración del barrio, el objetivo fundamental que se persigue consiste en “restituir la imagen global de la ciudad [Cité Frugès]”[1]; recuperar el carácter de uniformidad y repetición gracias a los cuales el barrio podía percibirse de manera unitaria, como un único objeto.

    Para ello se señalan dos propósitos cruciales:

    Por una parte, restituir el aspecto visual y la estética exterior de todas las casas; doctrina que concierne especialmente a las cualidades formales de las obras “degradadas o falsificadas”. La volumetría general, la silueta, el trazo regulador y la textura de las superficies lisas de las fachadas, la posición, forma y proporción de las aberturas son elementos que constituyen un vocabulario puro y mínimo y que apoyan la búsqueda de la figura de un nuevo orden estético en el que, cuando un elemento desaparece o se transforma, o cuando aparece un cuerpo extraño, el sistema se ve cuestionado severamente[2].

    Por otra parte, animar a los distintos propietarios a preservar los principios de organización interna de los diferentes tipos de vivienda, así como los rasgos característicos de las comodidades diseñadas por Le Corbusier. Este punto concierne principalmente a la forma y posición de escaleras y chimeneas, así como a los equipos sanitarios o domésticos[3].

    Tal fue la declaración de intenciones del informe de presentación de ZPPAUP, y a día de hoy es notorio el grado en que han sido cumplidas. Ahora bien, para facilitar la comparación entre los periodos de evolución e involución, se tomarán de nuevo las categorías anteriormente establecidas para el análisis de las nuevas modificaciones:

    1. Intervenciones sobre el interior

    Si bien en la fase de evolución este tipo de cambios fue muy habitual -quizá el más repetido, aunque el menos perceptible-; en esta segunda fase es presumiblemente el menos acometido, o como mínimo, el menos acusado. Precisamente por su discreción y su independencia con respecto del aspecto exterior, las intervenciones en el interior de las viviendas pasan desapercibidas, y es de suponer que se hayan mantenido en gran parte de ellas, e incluso que hayan seguido produciéndose. A excepción de los acérrimos seguidores de Le Corbusier que hayan decidido recuperar fielmente el diseño original, en cuyo caso experimentarán en sus amplias estancias la intensidad espacial característica del maestro moderno.

    2. Intervenciones sobre el exterior

    Al contrario que en el caso anterior, estas son sin duda las modificaciones más notorias de la fase de involución, justamente por su visibilidad. Las cubriciones de las terrazas han sido eliminadas, al igual que los techados sobre las cubiertas; las fachadas recuperan una por una su color original y se deshacen de los añadidos decorativos. Paulatinamente las viviendas van recuperando su particular nitidez volumétrica y claridad compositiva gracias a la labor de sus habitantes.

    3.Intervenciones sobre elementos puntuales

    Las intervenciones sobre las ventanas también son abundantes. Tanto es así, que a día de hoy la mayoría de las viviendas han recuperado la dimensión inicial de los huecos, aunque en muchas se mantiene la compartimentación que permite reducir el tamaño de los paños de vidrio; según los comentarios de los vecinos en la página web de la Association Vivre aux QMF, sigue siendo difícil encontrar cristales y perfiles metálicos aptos para los módulos diseñados por el arquitecto. Por otra parte, para mejorar el aislamiento los vecinos recurren al doble acristalamiento y mantienen las persianas. Al parecer, los requisitos de confort climático son lo suficientemente apremiantes como para permitirse esta pequeña concesión.

    • Razón de las intervenciones

    De nuevo, las causas que impulsan las transformaciones son diversas, pero a diferencia de lo que ocurría en la primera fase, en este caso no todas reflejan la voluntad de los residentes, sino que más bien responden a demandas externas; otros intereses influyen ahora en el rumbo del barrio. Anita Aigner los descubre sin reparos en su artículo, y gracias a ello es posible considerarlos y clasificarlos a continuación.

    1. Razones de autoría

    Le Corbusier alcanzó el reconocimiento internacional como arquitecto en los años sesenta. A partir de ese momento su obra se revalorizó enormemente. Incluso sus primeras obras, como este pequeño barrio en Pessac, fueron objeto del interés general -prueba de ello es la investigación de Boudon. Su fama creció más aún tras su muerte, y pronto una multitud de leales seguidores reivindicaría la conservación de su legado. Uno de ellos resultaría ser quien llevara a cabo la primera restitución en Les Quartiers Modernes Frugès, y a él le seguirían otros tantos arquitectos que, atraídos por la posibilidad de ocupar una de las máquinas de habitar de su ídolo, se mudaron al barrio y contribuyeron a la restauración de su glorioso pasado.

    2. Razones de conciencia

    Otra de las consecuencias del prestigio que alcanzó Le Corbusier fue el interés que despertó en los académicos. Comenzó entonces a popularizarse entre los arquitectos el estudio de su obra, -una corriente que aún a día de hoy sigue activa y persiste en desentrañar los misterios del genio y padre de la arquitectura moderna. La producción académica de Boudon, entre otros, condujo parte de esa atención sobre el caso de Pessac, impulsando su reconocimiento como patrimonio cultural y en consecuencia, aunque no de forma intencionada, promoviendo su restauración. En definitiva, tal y como sostiene Aigner, el discurso académico co-produce el valor simbólico del objeto[4], es indispensable para su valorización.

    3. Razones de conservación

    Una vez reconocido el valor patrimonial de la obra de Le Corbusier, se hace indispensable no solo su conservación, sino también la recuperación de su aspecto original, la pureza del diseño auténtico. Bajo este principio se restauran numerosos edificios históricos, borrando la huella del tiempo para mostrarlos en su antiguo esplendor. En este caso es especialmente importante ya que, por definición, la arquitectura moderna no admite bien el paso del tiempo; la arquitectura del progreso necesita ser siempre nueva, o al menos, aparentarlo. Y esto tan solo es posible gracias al mantenimiento constante de los usuarios.

    4. Razones de marketing

    Por último, se deben considerar también los intereses de las autoridades políticas regionales y nacionales, quienes descubrieron en Pessac un potencial bien de interés cultural. Sin embargo, sus motivaciones van más allá de su declaración como patrimonio y los subsiguientes fondos estatales para su renovación. Lo que verdaderamente pretenden es popularizarlo con el fin de obtener un beneficio económico del valor simbólico e inmaterial que ha adquirido el barrio simplemente por la fama de su creador. Pero no solo los políticos persiguen obtener ese rédito, sino también algunos habitantes del propio barrio, que además demandan la restauración total de las viviendas y la implementación de actividades y centros para turistas.

    • Experimento fallido

    A raíz de la revalorización de la obra de Le Corbusier, las intervenciones que los habitantes habían realizado dejaron de ser vistas como adaptaciones para hacer habitables unas casas que, de otro modo, eran frías máquinas inhumanas, y pasaron a ser consideradas como deformaciones que malograban la genialidad del gran arquitecto. Por consiguiente, los residentes dejaron de ser las víctimas inocentes a las que era preciso escuchar, para convertirse en incultos ingratos que deben ser educados en el aprecio y la devoción por la arquitectura de Le Corbusier.

    El fracaso ya no se encuentra en la arquitectura moderna y el empeño de los arquitectos por sobreponer su ideología, sino más bien al contrario, en la actitud de los moradores, en su desmedido afán por imponer sus gustos chabacanos sobre este preciado objeto de alta cultura.


    [1] Ferrand, Marylène, et al. «Pessac. Le Corbusier–Sauvegarde et réhabilitation des Quartiers Modernes Frugès.» CEREL/ARIM Aquitaine, with the assistance of Marie-Cécile Riffault and Jean-Luc Veyret. Typewritten document (1985). 34.

    [2] Ferrand et al. “Pessac. Sauvegarde et réhabilitation”. 37.

    [3] Ferrand et al. “Pessac. Sauvegarde et réhabilitation”. 37.

    [4] Aigner. “Transformation unwanted!”. 11.

    4. REFLEXIÓN CRÍTICA

    Una vez analizado el desarrollo evolutivo de Les Quartiers Modernes Frugès desde su construcción hasta la actualidad, resulta pertinente sopesar en especial esta última fase involutiva que permanece en proceso. Para ello se examinan y contraponen los aspectos recuperados frente a los abandonados: las ganancias frente a las pérdidas.

    • Recuperación

    En base a los avances más recientes en el barrio, la restauración del estado original conlleva fundamentalmente tres efectos: la recuperación de la identidad, la reconsideración del ámbito público de la vivienda y la atracción de nuevos usos.

    1. Identidad

    El objeto central del proceso de involución es el restablecimiento del carácter identitario del barrio, lo que se corresponde con la imagen que proyecta hacia el exterior, es decir, su aspecto.

    Las modificaciones previas a 1973 relativas a los colores de fachada, cubriciones y alteraciones de ventanas, habían ocasionado que las viviendas se diferenciaran individualmente. Cada casa entonces mostraba un aspecto distinto y el efecto unitario se deshizo.  

    Desde entonces, los cambios se producen en sentido opuesto, enmascarando las particularidades y buscando recomponer la coherencia del conjunto especialmente a través del color, que se ha convertido en signo de identidad, no solo de este proyecto, sino en general, de la obra de Le Corbusier.

    2. Dominio público

    Esta reconstrucción del aspecto exterior en realidad denota que en toda obra arquitectónica al menos una parte pertenece al dominio público. El aspecto exterior de una vivienda no solo afecta a sus moradores -a diferencia de su aspecto interior-, sino que, al componer el escenario del espacio público, también contribuye a la imagen que proyecta una determinada zona y que es percibida de forma generalizada. 

    Un ejemplo claro de esta dicotomía se encuentra en las casas de la pradera de Frank Lloyd Wright[1], como la casa Willits. En ellas la composición de volúmenes, huecos y estancias era especialmente cuidada y nítida hacia la fachada frontal, la parte de la casa que comunicaba con el espacio público. Sin embargo, en la parte trasera este orden se disolvía, en favor de una mayor libertad.

    Del mismo modo, las casas de Pessac ahora muestran de nuevo su fachada maquínica, mientras en el interior permanecen las compartimentaciones y otras alteraciones no visibles desde la calle. Así conviven hoy en día el diseño original con las adaptaciones particulares en un encubierto estado de hibridación.

    3. Reactivación

    Otra de las consecuencias de la involución del barrio ha sido su parcial museificación. En 1983, la Comunidad Urbana de Burdeos compró la casa nº 4 de la Rue Le Corbusier para, una vez restaurada, ser empleada como centro de información.  Esta fue la primera iniciativa orientada a atender la inminente llegada de visitantes, y de momento la única, aunque se plantea la adaptación de otra de las viviendas -desocupada- en museo o centro de actividades.

    Los habitantes sufren cada vez con mayor frecuencia e intensidad las inspecciones curiosas de estudiantes, arquitectos, profesionales de otras disciplinas y turistas intrépidos. Las actitudes que muestran hacia ellos difieren en gran medida, pero todos coinciden en que no quieren ver convertido en museo el lugar que habitan.

    No obstante, la llegada de estos visitantes contribuye la activación de una zona que, de otro modo, es exclusivamente de uso residencial. No sin razón, Jameson apuntaba que el mayor defecto de Les Quartiers Modernes Frugès era su monofuncionalidad[2]. Quizá estos nuevos usuarios cada día más habituales, traigan consigo otras actividades relacionadas con el turismo y contribuyan, no solo a la recuperación del carácter del barrio, sino también a su revitalización.


    [1] Levine, Neil. The urbanism of frank Lloyd Wright. Princeton University Press. (2016). 17

    [2] Jameson. “Le Corbusier’s Pessac”. 353.

    • Pérdida

    A pesar de los beneficios que aporta esta reciente fase de vuelta al diseño original, lo cierto es que también conlleva ciertos problemas para los residentes. En especial destacan el conflicto de intereses, la renuncia a la libertad sobre la propiedad y la presión social.

    1. Conflicto

    El hecho de que las viviendas participen del régimen de propiedad privada provoca que la restauración del barrio no pueda ser acometida desde las autoridades gubernamentales de manera directa e íntegra, sino que pase a depender en exclusiva de la actuación de los propietarios. Y a diferencia de lo que pueda parecer en un primer momento, la actitud de los mismos dista mucho de ser unitaria y entusiasta.

    Desde las últimas décadas, acompañando las modificaciones de los edificios, se viene produciendo además un cambio en los residentes. Algunos se han marchado, otros ya mayores permanecen, y otros han llegado recientemente. Estos últimos en su mayoría son jóvenes arquitectos admiradores de Le Corbusier que instigan a sus convecinos periódicamente para que devuelvan sus casas al estado ideal inicial que nunca debieron abandonar. Ante esta reivindicación, no son pocos los residentes que, convencidos del valor patrimonial y la necesidad de conservar la obra de Le Corbusier,  han optado por seguir el ejemplo de aquellos y embarcarse en esta ardua tarea. Otros, en cambio, permanecen firmes en sus casas customizadas y resisten críticas constantes por no cumplir las demandas de autoridades y particulares. Ambas actitudes de los exigentes arquitectos y los resistentes veteranos quedan reflejadas en el documental Leben im Labor de 2004, y desvelan en conflicto de intereses que existe entre la voluntad de imponer los requerimientos de la cultura dominante y la legítima defensa del derecho de libertad sobre la propiedad.

    2. Regulación

    Al ser declarado monumento nacional en 1980, el barrio entró en el dominio de una regulación urbanística inflexible e inmovilista que no ha hecho más que endurecerse desde entonces, a medida que aumentaba la consideración patrimonial y el valor simbólico de la obra de Le Corbusier.

    Toda intervención sobre el entorno que no apoye la recuperación del diseño original permanece terminantemente prohibida. Tan solo se permite mantener las alteraciones actuales, ya que, tratándose de un bien particular, no sería legal forzar su eliminación. En pocos años los habitantes han sido testigos impotentes de la reducción de su libertad de actuación sobre sus propias casas. Condenados a vivir en edificios fosilizados, eternamente anclados un siglo atrás, simplemente por haber formado parte -como argumentan las autoridades- de un momento histórico elemental: el surgimiento de la arquitectura moderna en Francia. Quizá esta sea razón suficiente como para conservar ciertos edificios singulares, pero es cuestionable cuando repercute sobre la vida de cincuenta familias.

    Actualmente estas políticas restrictivas cada vez son más comunes entre las nuevas urbanizaciones en España. A fin de mantener una estética cuidada de forma permanente, se prohíbe cualquier tipo de actuación sobre el espacio público y semi-público. Las regulaciones aumentan paulatinamente su constricción sobre los propietarios, hasta que estos quedan inmovilizados, completamente pasivos.

    3. Coacción

    Según parece, los residentes de Les Quartiers Modernes Frugès han estado desde el principio sometidos a la autoridad de un agente externo. En un primer momento ese agente fue Le Corbusier, con su mensaje adoctrinador y la defensa de un nuevo estilo de vida acorde a los tiempos modernos que se impondría sobre las masas a través de la arquitectura.

    Pero actualmente son los organismos gubernamentales públicos y los activistas particulares quienes defienden la reconquista estética de Pessac, y en consecuencia, la recuperación del modelo arquitectónico de los años veinte.

    Cualquier apropiación por parte de los residentes es vista por el público general como una deformación, una atrocidad perpetrada contra la obra original y auténtica. El agente externo que trata de imponer su voluntad es ahora múltiple e impersonal, inasible y abstracto: la opinión pública; y su arma, la presión social. De nuevo, debido a que en última instancia son los propietarios los únicos capaces de decidir si restituyen la apariencia original de sus casas o no, las autoridades e individuos interesados presionan a través de la crítica constante a los vecinos que no se someten a sus exigencias. Sin embargo, es solo cuestión de tiempo que estos opositores abandonen el barrio, de un modo u otro. Y cuando esto ocurra, es muy probable que el barrio recupere al fin su antiguo porte.

    Finalmente, y en contra de lo que sentenció el mismo Le Corbusier, la arquitectura tendrá razón y habrá sido la vida la que se equivocaba.

    5. CONCLUSIÓN

    Para terminar, solo resta una breve recapitulación y valoración del trabajo realizado, tanto de los resultados obtenidos como del modo en que han sido alcanzados.

    • Método

    La estructuración tripartita del trabajo distinguiendo documentación, análisis y crítica, ha sido especialmente eficaz y provechosa, pues ha conllevado numerosos beneficios a la investigación. Entre ellos: abordar el caso de estudio desde distintos enfoques,  alcanzar un extenso grado de conocimiento sobre el tema, aportar documentos innovadores y útiles para visibilizar la magnitud de los cambios a lo largo del tiempo, plantear cuestiones controvertidas que exceden el caso particular, desarrollar y exponer una postura crítica personal.

    La evolución del barrio ha sido analizada en profundidad, y los documentos y reflexiones pretenden contribuir a su conocimiento en el ámbito de la producción académica. Con ello los objetivos primordiales del presente estudio quedan realizados.

    • Evolución

    Como se ha dicho anteriormente, el barrio diseñado por Le Corbusier en Pessac ha desarrollado dos periodos de transformación cruciales a lo largo de casi un siglo desde su inauguración. Estos han sido denominados como fase de evolución y fase de involución, haciendo referencia a la dirección hacia la que iban encaminados: hacia el futuro y hacia el pasado respectivamente.

    Si bien en la fase de evolución las casas eran adaptadas al modo de vida de los habitantes, en la fase de involución eran, y son, los habitante quienes deben adaptarse a las casas. En efecto, se ha producido un giro de 180 grados al tratar de revertir el proceso de transformación natural y espontánea que estaba experimentando el barrio hasta los años setenta.

    Sin embargo, en una u otra dirección, o quizá en ambas, el barrio continuará su evolución. Solo el tiempo dirá si finalmente alcanza su anhelado estado de congelación, si puede permanecer siendo eternamente moderno.

    • Pessac, ¿experimento fallido?

    Desde el mismo momento en que se construyó, Les Quartiers Modernes Frugès fue considerado un fracaso indiscutible. En primer lugar a causa del rechazo que despertó entre los arquitectos y la población en general, con su estética purista y que muchos asociaron con desprecio a la arquitectura árabe. Después, tras la Segunda Guerra Mundial, por la extendida convicción de que la arquitectura moderna había sido un auténtico despropósito. En aquella época en que Boudon realizara su investigación, el caso se había convertido en el modelo del fracaso, Pessac encarnaba todo lo que alguna vez falló en la arquitectura moderna[1]. Por último, más recientemente de nuevo se habla del fracaso de Pessac, ahora para referirse a la actitud burda e inconsciente de los habitantes incultos que no han sabido apreciar el diseño del gran padre de la arquitectura moderna.

    La involución actual que presumiblemente será completada próximamente pretende borrar por fin el fracaso y sepultarlo bajo periódicas capas de pintura. En definitiva porque se considera que el origen del fracaso para Pessac no es otro que el paso del tiempo. Mas esta afirmación únicamente tiene sentido si se aceptan como verdaderas las premisas de que la arquitectura de autor debe ser respetada a toda costa, y de que su estado óptimo es el de la inmutabilidad, la eterna juventud.

    Después de todo, la razón de su preservación no es tanto su utilidad ni su calidad intrínseca como el valor simbólico que se desprende de la firma de Le Corbusier. La popularidad de su creador es suficiente como para aunar a instituciones y opinión pública en su defensa vehemente. Así es como la arquitectura deja de tener valor en sí misma y solo lo encuentra como huella de un célebre personaje; al igual que el objeto del coleccionista pierde su utilidad para convertirse en un simple reflejo de sí mismo.

    La cuestión del experimento fallido no se agota con su restauración, tan solo se reformula. ¿Es Pessac un éxito porque finalmente la visión moderna de Le Corbusier está siendo reivindicada, como plantea Benton[2]? ¿Es un error por favorecer la “obra” sobre la vida, como sugiere Aigner[3]? O ¿es acaso un fracaso por pretender escapar del influjo del tiempo a costa de la libertad de sus moradores?

    Con seguridad este no es el final del proceso evolutivo de Les Quartiers Modernes Frugès. Será necesario entonces volver sobre este particular caso una vez transcurrido el tiempo. Quizá dentro de otras cuatro décadas plantee un escenario completamente distinto, o quizá se haya estabilizado en su estado ideal, o ninguna de las dos. Solo el tiempo lo dirá.


    [1] Huxtable. “Le Corbusier’s Housing Project”. 3.

    [2] Benton. “Pessac and Lège revisited”. 86.

    [3] Aigner. “Transformation unwanted!”. 3.

    6. BIBLIOGRAFÍA

    Aigner, Anita. “Transformation unwanted!”. Consuming Architecture: On the occupation, appropriation and interpretation of buildings (2014): 70.

    Benton, Tim. “Pessac and Lège revisited: standards, dimensions and failures.” Massilia: anuario de estudios lecorbusierianos 2004 (2004): 64-99.

    Boudon, Philippe. Lived-In Architecture: Le Corbusier’s Pessac Revisited. (1972).

    Corbusier, Le. Almanach d’architecture moderne. G. Crès et cie, (1925).

    Ferrand, Marylène, Feugas, Jean-Pierre, Roy, Bernard Le and Veyret, Jean-Luc. Le Corbusier. Les Quartiers Modernes Frugès / The Quartiers Modernes Frugès. Springer Science & Business Media, (1998).

    Ferrand, Marylène, et al. «Pessac. Le Corbusier–Sauvegarde et réhabilitation des Quartiers Modernes Frugès.» CEREL/ARIM Aquitaine, with the assistance of Marie-Cécile Riffault and Jean-Luc Veyret. Typewritten document (1985).

    Hsu, Chia-Chang, and Chih-Ming Shih. “A Typological Housing Design: The Case Study of Quartier Fruges in Pessac by Le Corbusier.” Journal of Asian architecture and building engineering 5.1 (2006): 75-82.

    Huxtable, Ada Louise. “Le Corbusier’s Housing Project-Flexible Enough to Endure.” The New York Times 15 (1981).

    Jameson, Conrad. «Le Corbusier’s Pessac: a sociological evaluation.» Ekistics (1973): 349-353.

    Levine, Neil. The urbanism of frank Lloyd Wright. Princeton University Press, (2016).

    Yiannoudes, Socrates. «Actor-networks in Le Corbusier’s housing project at Pessac.» Fusion Journal 6 (2015): 1-14.

    Zöllner, Julia; Trinker, Claudia. Leben im Labor. [documental audiovisual]. (2004).

    7. PLANIMETRÍA

    luis palacios